martes, 23 de marzo de 2010

Aunque ustedes no lo crean hay quienes aborrecen la Ley

La verdad es que siento una inmensa tristeza mezclada con miedo porque, de repente, contemplo, asombrado, cómo una serie de gentes que se pretenden la avanzadilla de la izquierda, abominan de la ley, sí, sí, lo digo en serio, como aquel abyecto general, Queipo de Llano, el de muera la inteligencia, o como el más redomado de los fascistas que ha dado este país, José Antonio Primo de Rivera, creador de la Falange, que no admitía más dialéctica que la de los puños y las pistolas, o como este nuevo Duce, que se llama Berslusconi, que ha declarado una guerra a muerte al Derecho para escapar a la justicia por sus muchos crímenes.

Repito, de repente, han comenzado a sonar entre nosotros gritos contra la Ley, eso cuya definición yo transcribía del latín clásico al español de la calle diciendo que era la ordenación de la razón, dirigida al bien común, promulgada por aquellos que tienen el cuidado de la comunidad: ordinatio rationis, ad bonum commune, ab eo qui curam communitatis habet promulgata.

Si yo fuera Cicerón, preguntaría pero ¿entre qué gente estamos, en qué ciudad o Estado vivimos? La Ley es la suprema conquista de la civilidad, la ley marginó para siempre la fuerza bruta de nuestra convivencia, sin la ley esto sería mucho peor que la selva porque el hombre, lo ha demostrado, es el peor de todos los animales. Fue la ley, impuesta por la mayoría, la que limitó la fuerza física del más fuerte en las comunidades primitivas, originarias, la que le hizo doblar su soberbia cerviz ante la razón que le imponía el bien de la comunidad, del colectivo, primero, el grupo, luego, la tribu y por último la ciudad, la ciudad-Estado, la civitas, la civilización.

Repito otra vez, me da pena y me da miedo que gentes que se pretenden de izquierdas clamen contra la ley porque es lo mismo que hacen, que hicieron y que hacen, por ejemplo, todos esos que se autodenominan liberales, Tatcher, Reagan, Bush, Esperanza Aguirre, Rajoy, Montoro, et alteri, que proclamaron y proclaman a los 4 vientos que el Estado, la Ley no es la solución sino precisamente el problema.

      ¿Saben estos antilegalistas que se creen de izquierdas lo que hacen realmente?

El problema lo ha suscitado, ¿como no?, Garzón, el hombre de moda. Estos falsos izquierdistas pretenden que es la ley la que condena, la que va a condenar a Garzón y es, precisamente, todo lo contrario: es haberse apartado de la Ley lo que lo va a condenar. Si esas fuerzas ultraderechistas que se albergan en los tribunales donde debiera de imperar la justicia se cargan a Garzón, lo harán no por haber cumplido la ley-tesis aberrante de estos falsos izquierdistas-sino precisamente por no haberla cumplido. Sí, dirán, pero es que la ley no tiene, en este caso, nada que ver con la justicia. No se puede concebir un error mayor. Decía yo una vez allí, en el blog de Saco, algo que suscitó la admiración de ese prodigio de racionalidad que es Iñaki Zumake, que el derecho y la justicia son 2 círculos concéntricos, siendo el círculo menor la Ley y el mayor la justicia. Pero, ese circulo menor que es el Derecho positivo, o sea, la Ley, participa de la misma naturaleza, de la misma esencia de la justicia, que lo impregna o que, por lo menos, lo debe impregnar todo.

Soy consciente de que todo esto no es fácil de pensar espontáneamente, de que es necesario el concurso, la ayuda de los maestros del razonamiento jurídico pero es que lo que no se puede hacer es penetrar como un elefante en una cristalería y destrozarlo todo porque ésta es una actitud irracional más propia de las bestias que de las personas.

No todo el mundo está capacitado para pensar en Derecho, no es fácil, aunque lo parezca, el dominio de los conceptos jurídicos, si así fuera sobrarían las Facultades de Derecho de las Universidades que, no lo olvidemos, son los templos en los que se refugia el saber, y por los que han pasado casi todos los grandes talentos de la humanidad.

Dejemos, pues, a los técnicos en Derecho que se preocupen del gobierno de las Leyes para que éstas coincidan con la justicia, pero no abominemos, no maldigamos el Derecho porque sin él no podríamos vivir ni un solo instante. No digamos, como el generalote Queipo de Llano: muera la inteligencia, porque la ley, ya lo dijeron los sabios jurisconsultos romanos, es la ratio scripta, la razón escrita y el hombre, aunque parece que les pesa a algunos, es un ser racional. No pretendamos sustituir el imperio de la Ley por el de los puños y las pistolas porque esto conduce directamente al fascismo falangista de Primo de Rivera. No nos riamos de la Ley si no queremos ser pequeños y miserables berlusconis, como ese hombre que en la cercana Italia está intentando reeditar el fascismo.

La ley no pretende esclavizar al hombre, todo lo contrario, sino liberarlo, romper el imperio injusto de la fuerza física, hacerlo más racional si cabe, ordenación de la razón, para así facilitarle el acceso a ese bien común que pretendemos todos los que tenemos buena voluntad de convivir, por eso dicha Ley debe ser promulgada por aquellos a los que todos nosotros, mediante elecciones libres, directas, personales y secretas, hayamos elegido previamente para que cuiden de nuestra comunidad, del Estado democrático de Derecho.

Que así sea.

Buenos días y buena suerte para que no nos extraviemos por las sendas de una irracionalidad más propia de los animales.

7 comentarios:

Malatesta dijo...

Ahora el que no puede entrar en el bló de Manolo soy yo.

Ignoro que coños está pasando o si me han tomado el pelo.

Seguiré insistiendo.

Malatesta dijo...

Nada, que no hay manera.

Malatesta dijo...

A cabezón no me gana ni dios.

He puesto tus dos comentarios, el del lunes y el del martes.

Dime si tengo que poner otros.

MIentras no te den la clave nueva, lo haremos así: Tú escribes en este bló, yo lo copio y lo pongo en el de Manolo.

¿Te parece bien?.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

Me parece muy bien, mi querido amigo.

No alcanzo a comprender qué es lo que ocurre.

Porque si fuera que no quieren que siga comentando allí que me lo digan y no tendré que molestarte a ti, que eres un tipo fuera de serie.

Por cierto, uno de los comentarios ha salido duplicao. Solicita, si te parece, que supriman, uno de ellos.

Gracias, amigo, por hacer que mi palabra llegue a tanta gente, pues el blog de Saco lo leen miles y miles de personas.

Un abrazo,

Malatesta dijo...

Usté a mandá, Don José, que pa eso estamos. Como le decía Paco "el Corto" al señorito en Los Santos Inocentes.

Supongo que proto se solucionará, pero en caso contrario seguiremos así.

Un abrazo.

Proust dijo...

Eutiquio y Malatesta. Ya comenté el otro día que a mi me ocurre igual con la contraseña.
Después de varios intentos salió a la derecha el diálogo: Recordar contraseña.
Piqué allí y de forma automática la enviaron al correo.
No era la contraseña mía sino una serie numérica muy larga, 11 dígitos.
La copié, la escribí y se abrió una pestaña preguntándome si quería modificar la contraseña. Piqué que no y me redirecciono para comentar.
Desde entonces ya me ha repetido la misma faena media docena de veces. Pero entro.
Inténtalo.
Ya escribí en saquilandia que me satisface la contestación.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Se pregunta Eutiquio

¿cómo es posible que Garzón no advirtiera que con su temeraria actuación se estaba poniendo absolutamente en manos de sus más feroces enemigos, es que creía que iba a actuar en su caso el mayor de los corporativismos que existe en el mundo, el de todos los jueces españoles, cómo pudo no tener en cuenta que todos los jueces son lo más duro de la ultraderecha española a la que él acababa de crucificar con su investigación en el caso Gürtel?;

Hola eutiquio

Sigo sus razonamientos con gran interés, por su valor pedagógico. Y se me ocurre que una posible respuesta (que en verdad sólo conocerán Garzón y sus más íntimos) es que lo advirtió, advirtió el peligro que corría y decidió jugarse la carrera por la causa. Extraño en estos tiempos que corren!

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