viernes, 5 de marzo de 2010

¿Fin de trayecto? A Garzón le tienen ganas

EL CONFIDENCIAL

AL GRANO,  Antonio Casado
¿Fin de trayecto? A Garzón le tienen ganas
- 05/03/2010

Acusados que se vuelven acusadores de la noche a la mañana. Todos contra Garzón. Primero fue el neofranquismo tuneado con distintos ropajes (Manos Limpias, Falange Española), nada partidario de investigar los crímenes del Franquismo. Lógico. Y ahora el cerebro de la trama Gürtel, Francisco Correa, admitido como acusación particular en una de las causas abiertas en el Tribunal Supremo contra el juez de la Audiencia Nacional por presuntas conductas prevaricadoras.

En este caso, escuchas telefónicas presuntamente ilegales dictadas por Garzón y autorizadas por el juez Antonio Pedreira, instructor del caso Gürtel en el TSJM (Tribunal Superior de Justicia de Madrid), aunque las acusaciones sólo afectan al primero, no sabemos bien por qué. Tampoco se entiende por qué se admite una querella cuando la Fiscalía, que es la institución pública encargada de promover la acción de la justicia y ejercer la defensa de la legalidad, no formula ninguna acusación. O se entiende demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

No sabemos muy bien por qué solo Baltasar Garzón es sospechoso de haber prevaricado, antes de inhibirse en la investigación de crímenes del Franquismo y no lo son otros jueces alineados en sus mismas tesis sobre delitos imprescriptibles y jurisdicción universal, como se vio en las votaciones efectuadas antes de llevar el asunto a los juzgados territoriales. O lo sabemos demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

La tercera de las causas abiertas contra el famoso juez no es por prevaricación sino por cohecho. Nada menos. Está relacionada con la financiación de unos cursos en Nueva York por cuenta del Banco de Santander, organizados por el Centro Rey Juan Carlos y en los que participó Baltasar Garzón como moderador de una serie de coloquios. La querella fue inicialmente archivada pero ha sido reabierta por el juez Luciano Varela –en realidad es una nueva querella por la misma causa-, ante la supuesta novedad de que Garzón había intervenido personalmente ante el presidente del banco, Emilio Botín, para lograr la financiación de los cursos. No se entiende que el instructor desprecie las explicaciones de todas las partes afectadas. O se entiende demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

¿Fin de trayecto?

Nadie es inocente en esta historia y hasta las piedras saben que a Garzón le tienen ganas. Entre quienes pueden decidir el futuro profesional del más mediático de nuestros jueces, tanto en el plano jurisdiccional (Sala de lo Penal del Tribunal Supremo) como en el disciplinario (Consejo General del Poder Judicial), se aprecian mayorías que le son desfavorables.

A la espera de que se agote la prórroga que acaba de otorgarle el CGPJ para escuchar sus alegaciones, parece difícil que Garzón se libre de la suspensión de funciones. Si bien el fiscal no apoya la medida, tres querellas son demasiadas. Se lo han puesto fácil a quienes quieran apreciar graves daños en la imagen de la Justicia, incluso sin procesamiento. Aunque luego hubiera carpetazo, esa suspensión de funciones sería un final de trayecto en la carrera de Garzón. Para la historia quedaría el desalentador recuerdo de un Tribunal Supremo más comprensivo con la corrupción política y los crímenes franquistas que con el juez que quiso depurarlos. No se entendería. O se entendería demasiado bien pero cuesta aceptarlo.

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