domingo, 14 de marzo de 2010

Retrato de un escritor misógino

Mi mujer y mis hijas dicen que soy un machista porque no puedo vivir sin las mujeres; según ellas, las quiero tanto porque las necesito para que me sirvan, yo creo que es todo lo contrario, que vivo sólo para adorarlas porque todo lo bueno que me ha sucedido en la vida ha sido a su través.

Para mí, una mujer es lo más grande que hay en el mundo. Lo ha sido siempre, desde que mi madre empezó a remediar aquel hambre inacabable que sufrí después de la guerra. Aquel hambre tan espantosa e insaciable que nunca se acababa por mucho que comieras, hasta que la comida se te salía por la boca, o sea, vomitabas porque ya no te cabía más en el digestivo.  Mi madre, pues, fue la primera mujer a la que adoré porque me besaba y alimentaba cariñosamente con una especie de amor que no he vuelto a sentir nunca.

Como tampoco olvidaré a aquella muchachita que venía a ayudar a mi madre y que me enseñó las primeras nociones del sexo, metiendo mi cabeza entre sus piernas y apretándola contra sus genitales de modo que ya nunca he podido olvidar aquel olor profundo que supera al de cualquier perfume.

        Y estoy seguro de que me moriré recordando aquellos ojos azules, tan profundos como el mar y tan misteriosos como el cielo que me ofrecían todo lo que de hermoso tiene la vida bajo un cabello rubio lleno de ondas; todos los días que duró mi carrera universitaria estuve siempre allí, en aquella esquina por la que ella venía de la residencia a la facultad de químicas, para cruzar con ella nuestras miradas, es, seguramente, lo más hermoso que me ha sucedido en la vida puesto que es mi mejor recuerdo, nunca me atreví a dirigirle la palabra porque uno nunca se atreve a hablarle a las diosas, pero me moriré con sus ojos mirándome de nuevo y la muerte ya no me asustará.                    

           El hombre, a cambio, sólo me ofrece esa misma adusta comprensión que el tipo que todas las mañanas aparece al otro lado del espejo con la cara llena de manchas por la vejez y de pelos hirsutos  y que me mira con una mezcla de lástima y de asco.
                                                                                          

3 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué romántico...! Y qué coqueto...

Un beso, Carmen RM.


PD: Y que bien escribe.

JOSE LOPEZ PALAZON dijo...

He escrito por aquí, por los foros, ya, varias veces que debo ser un perfecto incomunicador, si es que se me admite esta palabra, porque nunca, nunca, nunca, me comprenden las personas a las que dirijo algunos de mis mensajes.

Carmen, la mujer de los ojos azules y el pelo rubio eres tú.

Un beso,

Anónimo dijo...

¡Ay!

Carmen, qué suerte tienes,una cosa más que envidiarte.

Salud y suerte.

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