lunes, 15 de mayo de 2017

Por qué vamos perdiendo



A corazón rojo
-Claro que hay lucha de clases, pero la vamos ganando nosotros-Warren Buffett.
La democracia es un "desideratum" al que nunca hemos llegado y al que nunca llegaremos jamás.
Tanto si consideramos básica la definición etimológica griega, “demos": pueblo, “cratos”: poder, el “poder del pueblo”, como la que formulara Abraham Lincoln,  más explícita y comprensiva, de"poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, nos sirven, quizá, para el análisis que vamos a intentar.
Ante todo, como cuestión previa, consideramos inexcusable la definición de “poder”.
Etimológicamente, también, este vocablo se deriva del latín vulgar “potere”, Diccionario Joan Corominas, poder, poderío, facultad que tienen determinados sujetos para llevar a cabo en cualquier caso su voluntad.
Absolutizando el término, el poder es la facultad omnímoda de hacer lo que se plantea la voluntad del sujeto.
Entonces, el poder del pueblo, o sea el poder que éste tiene por sí mismo, ejercido por sí mismo y para sí mismo, es el auténtico poder democrático.
Pero, ¿existe dicho poder, puede existir, cómo, por cuánto tiempo?
Si se me aprieta un poco, yo diría que el poder del pueblo es imposible que exista, si tomamos por ejemplo al propio Lincoln, el tío que emprendió y ganó una guerra para liberar a los esclavos-¿hay alguien que sea más pueblo que un esclavo?-fue asesinado a tiro limpio, mientras estaba en el teatro.
Y si elegimos otro gran luchador por la libertad, Trosky, fue asesinado por un esbirro de Stalin, que le clavó un piolín en la cabeza.
Y Stalin era el amo del país que iba a liberar el mundo.
El poder es mucho más fuerte, más irresistible que el deseo, cuando se apodera de alguien, éste está perdido, vive o muere matando, sólo vive para matar.
Trump es uno de los hombres más ricos del mundo. Tiene a miles de otros hombres esclavizados trabajando para él, en condiciones absolutamente leoninas, era, es y será un auténtico dominador, ¿por qué ha luchado tanto y tan mal para ocupar el trono del mayor de los imperios del mundo?
Por afán de poder, porque necesita constantemente ejercer el poder para vivir, porque si sus manos no oprimen a millones de personas en el mundo, se siente vacío, desgraciado, no puede vivir.
Pero ¿en dónde reside el poder, en qué se asienta su maldita hegemonía?
Marx dedicó toda su vida a averiguarlo y explicárnoslo a nosotros: la economía.
Adam Smith, en El espíritu de las naciones, nos expuso esta primera evidencia: el hombre vive dominado, obsesionado, poseído por el ánimo de lucro, el hombre quiere ganar, y ganar y ganar, su ánimo de lucro no tiene fin, Amancio Ortega, gana miles de millones al día y ya no sabe qué hacer con ellos y se ha tenido que dedicar a comprar los más notables edificios en las mejores capitales del mundo, mientras sus trabajadores malviven por cuatro perras en ínfimos habitáculos por todo el universo y sus corifeos nacionales tratan de convencernos de que es un benefactor de la humanidad que, como todos ellos, es incomprendido.
Smith y sus más famosos secuaces, Popper y Hayek, han convencido a ese mundo hipócrita que nos rodea por todas partes de que es el ánimo de lucro el motor de la humanidad ya que el hombre, en su avaricia tan invencible como insana, fomenta la creación de riqueza, convirtiéndose así en el motor del mundo.
Marx sostiene todo lo contrario. Ese "homo economicus", que sólo vive para trabajar, no es sino una especie de monstruo que se queda con la plusvalía que el trabajo de los nuevos esclavos incorpora a las materias primas, incrementando así, monstruosamente, su capital inicial de una manera exponencial absolutamente inicua.
Yo conozco a fondo, porque he trabajado para él, el caso del maderero màs importante del país que sólo hace unos pocos años era uno de los chupatintas de otro maderero.
Se instaló por su cuenta y hoy el país está lleno de sus sucursales. Y, todos sus trabajadores, cuando terminan su jornada laboral, tiene que cepillarse la cabeza para no llevarse a casa, o sea, sacar de las fábricas, el serrín que se les ha acumulado en el cabello.
Todo lo demás estamos hartos de saberlo.
Como dice Buffett, ellos están ganando lo que los marxistas llamamos la lucha de clases porque es la tarea más fácil de hacer del mundo.
El mundo entero se ha estructurado para ello.
El denostado Estado,   aquél del que la Thatcher y el Reagan decían que no era la solución como preconizaba el marxismo sino precisamente el problema porque al mediar entre las relaciones de empresarios y trabajadores impedía que los abusos de aquéllos llegaran a estos límites actuales, ha sido ocupado por todos los medios, incluso por la violencia cuando ha sido necesario, para que invierta la situación, de modo que, ahora, los poderes públicos se hallan ocupados por los poderes económicos y son sus más fieles servidores.
La situación yo creo sinceramente que es irreversible de tal modo que ellos no es que estén ganando la guerra sino que ya la han ganado.
Porque esa mierda de animal que es el hombre está lleno de malos instintos y, cuando no tiene otra cosa en que ocuparse, hace como el demonio, machaca hasta el fondo a sus semejantes hasta convertirlos en máquinas que no sirven más que para trabajar y distraerse con uno de esos narcóticos modernos que son el cine y los deportes.
A mí, hasta hace poco, me quedaba la esperanza China.
Hoy, ya no sé qué pensar. Sí, su Constitución afirma rotundamente que es una nación marxista, pero ¿lo es de verdad? ¿Es el marxismo que allí se practica, si es que así se hace, auténtico marxismo?
No lo sé. No lo sé.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por la dedicatoria eutiquio.

Pienso lo mismo y no sé quien dijo aquello de perded toda esperanza. Pero la parte del artículo al que me refería, donde se pregunta, (¿quien es capaz de negar rotundamente que se pueda estar al borde de una revolución global con métodos más o menos violentos, tanto física, como en la realidad on line?) Esto es lo que me pareció esperanzador, claro que esto supongo que es una necesidad humana.

Un abrazo,

corazon

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